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Casa Güímar: una obra nueva en las colinas, hecha hogar desde el primer día

Arbeprojects SL
hace 2 horas
2 min de lectura

En las colinas sobre Güímar, las mañanas llegan despacio. La luz asoma por la cresta, encuentra los volúmenes blancos de una villa de obra nueva y entra por ventanas que, hace no tanto, eran huecos en un cascarón de hormigón. Esta es la historia de cómo ese cascarón se convirtió en hogar — para una pareja belga que decidió que su siguiente capítulo se escribiría en esta isla, a tiempo completo.


El encargo


No pidieron un showroom. Pidieron calma: una casa que se sintiera asentada desde la primera noche, que sostuviera dos vidas y sus rutinas — trabajo, entrenamiento, cenas largas — y que jamás pareciera un alquiler vacacional disfrazado. Dos plantas, una suite principal, un despacho de verdad, una sala de fitness, y la regla de oro de todo el proyecto: nada que haga eco.



Las decisiones


La obra nueva te entrega un regalo y un reto en la misma caja: todo es posible y nada existe. Respondimos con textura. Microcemento en los baños — continuo, suave bajo los pies y perfecto para este clima — para que el baño de la suite se lea como una sola superficie tranquila de la ducha a la pared. Carpintería empotrada en las dos plantas, dibujada pared a pared, para que el almacenaje desaparezca en la arquitectura en vez de quedarse de pie por ahí como un mueble más.


El despacho recibió la misma seriedad que el salón: una pared de escritorio de verdad, carpintería que esconde los cables, luz que funciona a las nueve de la mañana y a las nueve de la noche. La sala de fitness: caucho en el suelo, espejos y — crucial — una puerta lo bastante buena como para que el resto de la casa nunca la oiga.



Los detalles que discutimos (con cariño)


  • Los tiradores del armario — muestreados tres veces, porque unas manos los tocan cuarenta veces al día.

  • El color arena exacto del microcemento, mezclado contra la luz de la mañana y no contra la del showroom.

  • La caída de las cortinas: un centímetro sobre el suelo, en todas partes, sin excepción.

  • Una despensa lo bastante honda para la cocina seria que claramente iba a vivirse aquí.


La sensación


La pareja se mudó con maletas, no con cajas — todo lo demás ya era hogar. Esa primera noche, la casa hizo aquello para lo que diseñamos: se quedó en silencio a su alrededor. Sin eco, sin lista de tareas zumbando en la esquina, solo luz cálida sobre madera y las colinas poniéndose azules ahí fuera.


Una casa está terminada cuando dejas de notarla — y empiezas a notar tu vida dentro de ella.

Casa Güímar es una de las casas de nuestro porfolio a la que volvemos a menudo, porque contiene todo lo que creemos sobre los interiores en esta isla: materiales a prueba de clima, carpintería dibujada a la pared y la calma como entregable real. Descubre más proyectos, o lee sobre nuestra manera de entender el interiorismo.



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