Casa Güímar: una obra nueva en las colinas, hecha hogar desde el primer día

En las colinas sobre Güímar, las mañanas llegan despacio. La luz asoma por la cresta, encuentra los volúmenes blancos de una villa de obra nueva y entra por ventanas que, hace no tanto, eran huecos en un cascarón de hormigón. Esta es la historia de cómo ese cascarón se convirtió en hogar — para una pareja belga que decidió que su siguiente capítulo se escribiría en esta isla, a tiempo completo.
El encargo
No pidieron un showroom. Pidieron calma: una casa que se sintiera asentada desde la primera noche, que sostuviera dos vidas y sus rutinas — trabajo, entrenamiento, cenas largas — y que jamás pareciera un alquiler vacacional disfrazado. Dos plantas, una suite principal, un despacho de verdad, una sala de fitness, y la regla de oro de todo el proyecto: nada que haga eco.

Las decisiones
La obra nueva te entrega un regalo y un reto en la misma caja: todo es posible y nada existe. Respondimos con textura. Microcemento en los baños — continuo, suave bajo los pies y perfecto para este clima — para que el baño de la suite se lea como una sola superficie tranquila de la ducha a la pared. Carpintería empotrada en las dos plantas, dibujada pared a pared, para que el almacenaje desaparezca en la arquitectura en vez de quedarse de pie por ahí como un mueble más.
El despacho recibió la misma seriedad que el salón: una pared de escritorio de verdad, carpintería que esconde los cables, luz que funciona a las nueve de la mañana y a las nueve de la noche. La sala de fitness: caucho en el suelo, espejos y — crucial — una puerta lo bastante buena como para que el resto de la casa nunca la oiga.

Los detalles que discutimos (con cariño)
Los tiradores del armario — muestreados tres veces, porque unas manos los tocan cuarenta veces al día.
El color arena exacto del microcemento, mezclado contra la luz de la mañana y no contra la del showroom.
La caída de las cortinas: un centímetro sobre el suelo, en todas partes, sin excepción.
Una despensa lo bastante honda para la cocina seria que claramente iba a vivirse aquí.
La sensación
La pareja se mudó con maletas, no con cajas — todo lo demás ya era hogar. Esa primera noche, la casa hizo aquello para lo que diseñamos: se quedó en silencio a su alrededor. Sin eco, sin lista de tareas zumbando en la esquina, solo luz cálida sobre madera y las colinas poniéndose azules ahí fuera.
Una casa está terminada cuando dejas de notarla — y empiezas a notar tu vida dentro de ella.
Casa Güímar es una de las casas de nuestro porfolio a la que volvemos a menudo, porque contiene todo lo que creemos sobre los interiores en esta isla: materiales a prueba de clima, carpintería dibujada a la pared y la calma como entregable real. Descubre más proyectos, o lee sobre nuestra manera de entender el interiorismo.
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